lunes, 26 de diciembre de 2011

Después volveré a la eterna abstracción de las moléculas, a los fondos curvados, planos, el peso de un Matraz. Volveré a los libros, placas, columnas, balanzas, tardes largas, silenciosas, solitarias. Volveré a otro tiempo, al de siempre, ese que no se detiene, donde todo está en movimiento, frágil, tangible, distante, quieto. Lugar donde olvido tu nombre, escribo números, te recuerdo. A veces. Miro el reflejo invertido de los objetos en una esfera de cristal, y te escribo en la fecha, en lo absurdo, en mi cabeza, esto es un circulo, mi nombre, tu nombre, no te toco, no te escucho, no te quiero, como el tiempo sólo estás inconscientemente. Pienso.

viernes, 9 de diciembre de 2011







Apenas salía del teatro y entraba a tu distancia la que se interpone en la noche de viernes cuando se suceden todos los atroces acontecimientos que el teatro crea sobre mí. De límite y tiempo, de razón y esperanza, de distancia y cercanía, de demonio y lunas. Entonces me busco, te busco entre los rostros de la gente que sintonizan la noche, unos caídos otros sonrientes todos creando frecuencias sobre mí, entonces.



La distancia crea olvido, el olvido de una tristeza imperdonable la nostalgia de una luna fuera de la noche aconsejando que uno se salga también; de estrellas fugacez se conforma mi existir las constelaciones se reflejan en los tejidos de mi sangre, pertenezco al caminar de un silencioso ruido nocturno, es la distancia. Se revelan ante mí diversas formas de melancolía retrazada humanas y desfiguros de la noche, te conviertes en todas mis ausencias y soy una banca solitaria en el parque.



Apenas salía del teatro con sonrisas, con desvelos , con lágrimas en forma de pasos, con pasos en forma de banquetas, con banquetas en forma de zapatos.



La distancia entre el tiempo y espacio no se comprende en ésta mente casi razonable, ahora mismo soy nuestra tarde y nuestro viento y nuestra despedida, incompresible para una mente casi razonable. Del teatro la vida se olvida de sí misma, del teatro hoy se salvan mis acontecimientos, de tí hoy me salva el teatro. Salí del teatro contigo arrastras siguiendome , tragandóme de a poco , te deje luego sentado en aquella banca la que fui en tú espera.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Desarrollo de un dolor en domingo

Riñes al tiempo
encierras en tu habitación
todo lo que llevas dentro
te es fácil esconderte,
no verme durante meses
así eres tú.

No es extraño que no estés aquí
ahora que no te tengo
más es extraño que yo crea que estés

ahora que te tengo.

Hoy salí ya sin nada, el aire
se desplomo de mis pulmones
mis raíces no encuentran cabida .

No te extraño ahora que no estás
te extraño cuando estás lejos
cuando te vas lento y me miras enteramente
como si del abismo del dolor se hicieran
las raíces de lo nuestro.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Confesaré que para vos yo tengo muchas palabras, un fósforo, la imagen de un trozo de Yodo sublimándose, algún ticket de Metro, chocolates, Deuterio, una mano vacía, números, tiempo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Un aire gris,
algunas fotos,
ciertos amores,
ritos, paisajes,
ni una lágrima,
algo parecido
a la felicidad.

Lateral, Carlos Vitale

sábado, 12 de noviembre de 2011

En esta, una noche lejana y oscura (sobre todo larga), guardo mis palabras opacas en tus manos.
Es cierto, es porque hace frío, porque tengo ganas... Porque no voy a ninguna parte, y antes de abandonar este sitio he querido entregártelas.

Mis palabras, incendiándose en tus labios... Al final, siempre ajenas a nosotros.



Nos vemos en nada, solitarios, en noches frías de Noviembre, neblina cubriéndonos los ojos. Los dedos muertos sobre el papel, algún libro, quién sabe.

Todos hacen lo que quieren al final, yo también.
Escribo...



Sigo escribiendo.

martes, 1 de noviembre de 2011

La vida de otros, hace 100 años, iluminados sus rostros, descubrieron algo (además de sus labios apasionados)...

viernes, 28 de octubre de 2011

Vos sabías que te quería y me quisiste en silencio.
Y siempre nos quisimos por la tarde, porque llegada la mañana olvidábamos un saludo, el "¿cómo estás?, ¿qué harás hoy?", alguna cordialidad...
Nos faltaban las palabras, se nos caían de la boca antes de poder decirlas.
Y por la tarde la lluvia de besos, de caricias, complicidad, renuncias.
El ir y venir de un lado a otro con un beso tuyo pegado en los párpados, estampado en la frente. Quedarme quieta en tu mirada, escribirte un beso para recibir en tus labios la noche.

Jamás me hablaste de amor, pero lo decías todo el tiempo.

domingo, 23 de octubre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011


Imagen en silencio

domingo, 16 de octubre de 2011

A veces, y sólo a veces me gustaría tener a alguien a quién dedicarle poemas, es todo.

lunes, 10 de octubre de 2011

No tengo tiempo.
Mi paso cae sobre el tiempo, débil, silencioso, frágil.
Observo las luciérnagas, los astros, lloro por el tiempo, por el cansancio, por la tierra.
Lloro por mis manos, mis ojos, mis vértebras.
Me pregunto si vale la pena. Y lo vale, después de todo, no puedo darme el lujo de caer.

viernes, 7 de octubre de 2011

Mataron, mataron al hombre que vivía en mí. Yo mismo.


YVA

jueves, 6 de octubre de 2011







El corazón muere, mientras los labios hablan, y los ojos miran y miran y


miran.








domingo, 11 de septiembre de 2011

hasta parecería que ese odio es otro nombre de la libertad o del vasto mundo.


Julio Cortázar.

martes, 6 de septiembre de 2011

The way you (don't) look tonight.




:)
Amor, es la primera y última vez que te nombro de este modo desde nuestro (des)encuentro...
Es la última vez que toco tu rostro con la ráfaga de viento para decirte un beso,
que dibujo la línea infinita de tus labios en mi vientre,
que escribo mariposas en el aire para tus ojos,
que te beso al oído mientras no me oyes,
que te doy mi tiempo sin entregártelo,
que mis dedos despeinan tu pelo (esta vez sin tocarte, sabiéndote lejano);
me despido con los labios rojos, llenos de ti, al final siempre solitarios.

Esta misma noche pienso prenderle fuego a nuestros papeles, paseos y charlas,
pienso cortar el hilo que siempre nos mantuvo unidos, no es mi culpa.
Pienso ocultar para siempre la linterna roja, el muñeco verde,
debo decirle a mis manos que den por terminado aquel vicio de tocarte
(desesperadamente) los hombros, las rodillas... Lo sé, no me escuches.

Esta fue la última tarde que me dueles (quizá también la primera),
Te escribo, me despido de este modo, no hay otro, no lo encuentro.

Lluvia de besos, caricias, silencios, noches, tiempo. Noche de renuncias, de escapes, de clichés, de volver a la niña solitaria de la que siempre he sido, de mí.
Éramos compañeros, no sé si amigos, no sé si algo más y ya no importa, pues esta es la última vez que la noche me recuerda tu nombre, que me enfrasco en tus ojos, que persigo una estrella, que mis palabras son inútiles.


Ahora volvemos cada quién a su sitio, te regalo mis labios desde la tarde en la que te conocí hasta esta noche, después de esto, adiós, amor.

sábado, 27 de agosto de 2011

Qué hermoso silencio.

martes, 2 de agosto de 2011






Mi desorden alimenticio se torno real al finalizar nuestro encuentro, ¿A caso un fenomeno que proviene de la imaginación se me realiza después de dejarte? me pregunté un par de veces ya arriba del autobus. Tu olor se colaba por las luces rojas de los autos a los costados, abusabas de todos mis razonamientos. A estas horas por favor no menciones la palabra justicia. Una especie de rondalla acusa tus acciones y comienzan a cantar las gotas de lluvia que chocan contra el parabrisas. Aborrezco de sobremanera entorpecer a tu lado, agradezco no flotar.




Una especie de dolor ajeno me tiene toda la noche y al amanecer casi no reconozco esta habitación. No me digas justicia.
Se desgarran las palabras que vas diciendo en las paredes de la habitación, intentas conducir nuestro deseo pero tropezamos y te caes encima de mí, sonríen los que nos miran, avergonzamos las ganas, desordenamos lo que llamamos tiempo, no quedamos sin nada.




Las escaleras sólo caminan hacia arriba  esta noche se detienen en la azotea, escapamos de la habitación, no sabes de mí, el desorden alimenticio ya le pertenece al futuro, pero nosotros no nos conocemos nada. Al mismo tiempo miramos la justicia atravesar el cielo en forma de ave, un cable la hace tropezar, cae suavemente y nos rebasa, silencio.






























lunes, 25 de julio de 2011





La pista debe estar despejada , las lucen deben irse reflejando sobre tus pupilas, de rojo a azul , de azul a a verde. Toda la tarde has venido entre la gente que pasa frente a mí, me saludan cruzo las calles y huelo las ropas de los señores, hay burbujas en el viento miro como se van y tu me vienes en cada mirar, no son las burbujas que van, son esos ojos tuyos que me vienen encima otra vez.



Pero la autopista corre por sí misma, marca los kilómetros a cada segundo, marca los latidos de un rumbo casi seguro, así esta bien. Tal vez es por que sino abrazo lo que está en las canciones, las letras y luego todo eso que está ahí. Por eso se deja de sentir el terror en primera persona y se comienza a decir más, para intervenir de alguna forma en lo que llamaré ausencia.

sábado, 11 de junio de 2011

Usted es lo suficientemente ajeno a mi vida como para saber que esta noche escribo sin ninguna intención de no decir menos de lo que he necesitado, no sé por qué se mueven mis dedos, buscan la manera de decirlo, precipitándome sobre esta hoja, oigo pasos arriba, alguien baja las escaleras, no sé quién sea, seguro recibiré alguna queja, yo sé que es tarde, la hora de soñar, dormir, tirarse entre las sábanas para descansar... Pero, qué puedo hacer, no quiero...
Quería un ramo de flores rojas, blancas, amarillas, quería simplemente sentir su vida derramándose en mis pulmones, lo acepto, es imposible que salga por una a esta hora. No sé por qué escribo tantas ridiculeces, qué dice?, que no lo son, es posible, quizás no lo sean, quizás estoy simplemente exagerando, como cuando digo que no es posible.

Situaciones similares, porque simplemente no se les puede llamar de otro modo, y yo sin poder dormir, empiezan a dolerme los dedos, las articulaciones, es posible que no vuelva mañana a este sitio, por eso debo decirlo todo mientras la maravillosa facilidad con la que gozo esta madrugada para decir las cosas persista...
Algo así, silencioso, onírico, casi invisible... Misterioso, perspicaz, mágico, breve como un suspiro, sin embargo eterno como el tiempo...

Necesito encontrarlo, pero en qué sitio, decirme la hora, en qué momento, cuál calle, dónde camina, su nombre, debo saberlo pronto... Cada vez pasa más rápido el tiempo...


Es simple.
No tengo sueño, no puedo dormir... Qué me disculpen las horas

lunes, 6 de junio de 2011

Por eso
bendito el tiempo
que he vivido
las horas...


Por la vida...



Aunque no todo lo que se escriba sea exactamente lo vivido...

domingo, 5 de junio de 2011

La luz de tus ojos, la ternura de tus ojos, la voz de tus ojos, el color de tus ojos...
Tú.
La forma de tus ojos, la humedad de tus ojos, la vida de tus ojos, las estrellas de tus ojos.

Tú.





La aurora de tus ojos que yo conocí una noche de Febrero.
El tono azul de tu piel visto por primera vez un sábado por la tarde mientras llorabas tiernamente sobre mi pecho.

El silencio entre nosotros, a veces distantes, distraídos, locos.
Sigo mirándote en medio de esta noche.

Te doy una perla, rosas, camelias, te doy una estrella. Del mar. Guárdala, quédatela, no me la devuelvas nunca...


Recuerdo la mañana azul, el día que me corrí por la playa de tu mano, el color de tu piel dorado, la luz de tus ojos otra vez, el sabor del coco sobre tus labios, tus zapatos blancos.

Observamos el horizonte, el mar, azul... Te regalé el sol rojo de esa tarde.

Tu mano tiernamente quieta sobre mi hombro, cubriste mi corazón con tu palma, lo sostuviste después de todas sus derrotas, lo consolaste...

Después de todo quiero volver a inventar todo.

martes, 31 de mayo de 2011




Entonces talvez las cenizas no se quedaron en las hojas del limón, del palo que caía de la azotea, entonces las palabras no caían de la azotea ya, los limones como palabras, las palabras encerradas en la mirada de un hombre con tres sentidos al timón. Quizá como toda la gente razonable debí haberme ido, aunque no tuviera la razón y por la angosta avenida mis pies hubieron de avanzar bajo la luces de farol antiguo, que voy ha saber. Los ojos de los que entienden cerrados , un monton de gente intentando bailar cumbia de la contemporánea, acaso uno va cambiando no con lo años sino con la situación. Alcohol hasta los zapatos. Talvez las palabras que intentan relatar algo encerradas no en las gargantas sino en la hojas del limón funcionan mejor. O mejor despedirnos y rompernos en pedacitos. Ahora se donde guardas todo el dolor, en las letras que lees a diario en el consuelo de cada día y yo que siempre leo las letras de tus pasos, las letras que yo conozco ahora renacen de las flores que se encuentran frente a tu avenida, esa que no pude cruzar. Luego nuestro accidente más reciente, encontrarnos desnudos con calcetines , con las palabras cayendo de las lamparas , de los libros, de las pestañas. Otra vez desnudos sin casi nada que decir, con la verguenza y el alcohol en los zapatos. Cuando no nos damos cuenta talvez los recuerdos ,esos que afortunada o desafortunadamente solo son nuestros, se encierran en cada habitación aguardan la fecha de su vencimiento. Talvez las palabras no se quedarían arriba de la azotea, ni en las hojas del limón quizá sólo tu las contendrías, sólo tú harías como si las destrozaras.












domingo, 1 de mayo de 2011

Fue en Copilco, Universidad y Balderas

Qué debo hacer para estar en paz?- me pregunta una mujer sentada a mi lado en el metro, ella mira la ventana, luego vuelve el rostro hacia mí. Qué extraña sensación. La verdad es que no sé en qué momento subió, cuál estación, o es acaso que ya se encontraba aquí sentada y no lo recuerdo?. Sólo puedo concluir una cosa, me atrae su misterio.
Ahora no sé qué hacer, ignorarle?, contestarle?, fingir que no le oigo, de cualquier modo no tengo respuesta. Sólo guardo silencio... Inesperadamente, vuelve a preguntarme, no sé qué hacer, veo sus ojos húmedos, negros, nunca ví un iris más profundo...No, no sé qué hacer. Hay un libro entre mis manos, extrañamente comienzan a temblarme los dedos, estamos llegando, Coyoacán, debo bajar, un acto de idiotez o de infinita gracia, le entrego el libro;me levanto(titubeo), evito sus ojos enormes, corro, me escurro entre la gente, logro salir de aquella multitud... Es entonces que vuelvo el rostro hacia el cristal, siento un vacío, un hueco terrible en es estómago, el corazón destroza mi pecho, no siento mis manos, el terrible vicio del parpadeo se me ha quitado... Tengo miedo. De pronto algo quiebra el aparente silencio, se humedecen mis ojos, me doy cuenta que no puedo gritar, no puedo moverme, qué diablos es esto, apagan las luces...

domingo, 27 de marzo de 2011

Un día descubrí el silencio más espantoso en lo ojos de un hombre.




Mira como se mueven los árboles, morados, las flores, el tiempo... Como el desarreglo, la frialdad, fingir indiferencia le van mal... A todo eso añadirle una falta de moral, insignificante.

Sus ojos pequeños hoy me parecen enormes, sus dedos fijos me recuerdan una tarde de verano inquieta, donde he llorado.

Necesito un suspiro para fingir indolencia, para fingir que no me quema, que no me duele su falta, su pasado, pero me duele. ¡Qué impaciencia!... no poder impedirme un acto de indiferencia ni tampoco de importancia sustancial...

Sus ojos livianos siguen humedecidos, empiezo a sentirme incómoda, algo va mal. Como un niño, él mira atónito el silencio, incapaz de decir algo más, me abraza, sus ojos reflejan el infinito, por eso le debe dar miedo el mar, por eso le debe dar miedo el cielo, la inmensidad.
Es la soledad, la necesidad de poseer algo más, mantener ese amargo, dulce, triste vicio.

Yo le miro, le sonrío, le beso... a veces fui un inconstante, creyéndome capaz de nada. Un hombre. Ahora lo veo, sus ojos arrepentidos, pidiendo una disculpa, no es necesaria. Qué podría disculparle si no le conocía antes, éramos incapaces de pensar en ese minuto algo, nada, podría escribir toda la noche lo que vi en su rostro, pero sé que probablemente no me alcanzarían todas las palabras.
No hay duda. Decir que ya no me acuerdo sería una mentira.

Después de todo te sigo sonriendo, te quiero, te miro, te doy un beso, vamos, todos los errores del mundo no los puedo perdonar yo...

yva

domingo, 13 de marzo de 2011

Espantapájaros 18

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del
llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta, inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...si es verdad que los cacuies y los cocodrilos nunca dejan de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría, llorar de fracaso, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Dicho por Oliverio Girondo

martes, 8 de marzo de 2011

DOMINGO EN EL ZOOLOGICO












-Un globo, un globo, quiero un globo - pidió un niño.
La madre le compro un globo. El niño soltó el globo y lo
vio volar.
-Un globo, un globo quiero un globo
-Volvió a pedir el niño.
El padre le compró un globo. El niño soltó el globo y lo
vio volar.
-Un globo, un globo, quiero un globo, quiero un globo
-Pidió otro niño la madre dijo:
-No
Y el niño voló
se fue de los brazos de la madre
de los brazos del padre
volando con los globos.

Esto pasó en el jardín de un Zoológico la tarde de un domingo;
Son testigos: Un elefante, dos leones, un águila y un vendedor de globos.





El gran paraguas, 1965
Javier Villafañe

sábado, 5 de marzo de 2011

Una historia de la vida.

No, yo no te esperaba Rafael. Ni a ti, ni a José, ni a Luis. No, no. A ninguno de los tres. Sin embargo, no los negaré. Por eso puedo decir que eran los tres... Era José a las 3 de la mañana pegándome un beso en la frente, despidiéndose silenciosamente. Era Luis guardándome entre sus brazos alguna madrugada de Agosto (lejos de tanta gente). } Era Rafael tomándome del brazo Un infinito viernes. Era José cantándome, conmoviéndome con un dulce "siempre"... Era Luis paseándose de un lado a otro (a mi lado), en medio de la lluvia, con un enorme paraguas inclemente... Era Rafael abrazado a mi cintura, suspirando colores, azules, verdes... No...Eran quizás los ojos de José, la piel de Rafael, los intensos besos de Luis. En realidad no lo sé. Era la luz de Rafael, los cabellos de José, la curiosidad de Luis. Era la persistencia de Rafael, la inestabilidad de José, la sonrisa de Luis... La forma de caminar de José, los hombros de Luis, la manera de hablar de Rafael. Sus nombres no se los diré, pero han sido ellos tres. A veces uno más que otro, y yo los vi pasar por mi vida, algunos más rápido que otros, diferentes cada uno, con algo que me fascinaba, estuve enamorada... Sin embargo por circunstancias o motivos desconocidos se han separado nuestros caminos, en realidad lo digo por dos de ellos... Entonces a veces, encontrarlos en la calle, en los parques, plazas, el metro (que he dibujado en las aceras de enrriquez y la zona universitaria) no es un fastidio, es algo triste... no poder saludarles, quisiera que volvieran a ser mis amigos... Parecen estar molestos u ofendidos, creo que no recuerdan porque se alejaron, porque eran ellos, y no son... Eran los recuerdos atormentando mi memoria, eran los días de salir a caminar, tomar sus manos, saber que los he querido, que me perdí entre sus ojos, que una tarde con cada uno de ellos terminé de la mano, que los tres han sido mágicos. No es cierto, ahora pienso que fue sólo uno. Qué Luis me fascinaba y no pude decírselo, que José no era mi amigo, que a veces no entiendo a Rafael, pero lo quise. Entonces no sé. 

¿Sabes qué?, podría ser sólo uno. 
Yo aún no lo sé, pero sucederá. 

 Los nombres han sido elegidos al azar.


martes, 15 de febrero de 2011

jueves, 10 de febrero de 2011

Fotografía

  • Me imaginé en aquel momento donde pareciera que todo podría ocurrir.
    Alguien dijo alguna vez que la luna estaba demás
    en la noche que deberían ser pocas las estrellas
    que merecieran estar encerradas en el cielo.
    Alguien dijo que mientras dos amantes
    se llevan pétalos de flores a la boca,
    otra persona muere de frío hacia algunas kilómetros al sur.

    Me imaginé con hilos de lluvia sobre mis ropas y
    con manos de extraños frotando mi cuello,
    corrí desesperadamente para olvidar el encuentro
    un niño fué testigo de lo que viví.
    Alguien dijo en algún lugar de un cuento, que aveces
    se debe escuchar las palmas rasgar el viento, que las
    mariposas no siempre dicen la verdad.

    Me imaginé contigo en una habitación había espejos
    y los hilos de lluvia se me resbalaban por las piernas
    ahí dentro lo comprendí todo de nuevo, como cada
    vez que me imagino contigo, así.
    Alguien dijo alguna vez que los pétalos que se resbalan
    por la boca de los amantes deberían volver a sembrarse,
    mientras yo duermo hacia algunos kilómetros al sur. .

domingo, 6 de febrero de 2011

Dice febrero

Tengo sueño, pero no puedo dormir, la habitación está llena de flores y humedad me pongo mala cada vez que me recuesto, casi escucho los perros ladrar me supongo que ya estoy en el sueño pero no es verdad, los ladridos provienen de afuera las imágenes desde mi ventana son casualmente bellas , la luna cuelga desde el cielo y se columpia sin nadie encima y a mi no me dan ganas de subir hoy me da tedio la idea de refrescarme con tanta estrella pequeña con tanto viento. Tengo las manos llenas de sueño y de frió a la vez, de alguna manera sigo escribiendo por no dejar; me entretengo con la probabilidad de un buen cansancio, de un buen sueño por está noche.
Era un desastre la habitación antes de vivos nos revolcabamos de tanto imaginar de pensar y pensar las mismas situaciones, las arreglabamos, nos tomábamos nuestro tiempo para deshacernos la conciencia, quizá los hicimos demasiado , quizá nos cansamos a tal grado que ya no podemos dormir. Mi habitación antes era pequeña las dimensiones han cambiado conforme a los sueños ahora se nota mas grande las esquinas se redoblan a cada paso las miradas se encuentran en la diagonal, el colchón se está hundiendo, los mosaicos están sucios de tanto pasearnos por encima de ellos. No puedo dormir. Enciendo un cigarro y saco la cabeza por la ventana, la luna se ha perdido, debe estar en otro cielo, en el cielo al que se van todas las cosas que se nos escapan de la comprensión , de la vista; el que está lleno de papalotes , de globos animados, de indecisión.
Quizá soñar sea un privilegio, un alivio al malestar de esto que llamamos amanecer.

jueves, 3 de febrero de 2011

Anotaciones.

Cúan individual puede llegar ha ser fumarse un cigarro, cuan individual mirar el oceano es.
Se enciende pasa por debajo del labio y ahí estamos, saliendonos de lo más profundo del mar, saliendonos de nosotros mismos empapados escurriendo de los dedos de las manos. La individualidad podría existir desde que nos viene la idea de compartir esos cuatro minutos con nosotros mismos, y ahi estamos.
En la azotea, en la orilla de un sillón bien forrado, en la fotografía infantil de aquella fiesta, acaso alguien podría contradecirme y decir que la individualidad está al comer una sopa caliente, que cruzar la calle tambien contiene algun tipo de individualidad.
Pero es que yo lo digo y lo vuelvo a repetir es la relación con el objeto, la suavidad del contacto con los dedos y la última blanda capa, es eso.
La sinceridad de ese momento, nada profundo, pero que en ese instante nos está ocurriendo, desafiando a la palabra misma, desafiando cualquier tipo de conversación, ahí estamos los dos, los tres con un suave cigarro, detenido por la parte más delicada de los labios, acto detalladamente encaminado a un mismo momento a una misma acción todos los sentidos en armonía con este encuentro, regresandonos a aquel momento , aquel momento en el que no contabamos con nada .

martes, 1 de febrero de 2011





No sé, pero es posible que ella ni yo existamos desde hace varias semanas, eso lo sé por el color de nuestras venas, las mías antes como las de ella, rojas, intensas. Sin embargo la extraño, a veces también a usted, pero eso ya no importa. Después de todo Ellos no están, han regresado a los veranos escondidos, otoños grises, inviernos azules. Se han ido. No, no volverán, porque para eso he llegado yo, tú, nosotros, que nunca fuimos ellos.

viernes, 28 de enero de 2011

De nuevo a los perfumes
y a todo lo que viene después
de esto. Oler, entonces,
recordar, saber, llorar, reir,
arrancarse un trozo de piel,
profundidad dispersa, agua,
memoria.

Partículas.

Sólo me quedan recuerdos. Pues la mano al viento, vacía, igual que el pecho, abierto.

miércoles, 26 de enero de 2011

Bello desencuentro

Segunda opción, lograr hacer bello el desencuentro
bello cada tropiezo
cada desatino
cada suspiro desolado

Y hacer bella tu descortesía
bellas, esas lagrimas que vinieron
después.

Segunda opción, nombrar como des-palabras
a aquellos gestos que ya no dijiste, los que te
tragaste junto con el café.
Desentrañar de tu egoísmo la palabra
distracción, componer una oración en la
quepamos juntos aunados a esta última palabra.

Embellecer tu inoportuna presunción, llamarle
quizá inseguridad casual, cerrar nuestra corta
despedida, añadirle un "buenas noches"
o algo así.

domingo, 23 de enero de 2011

Manuscrito hallado en el bolsillo (Fragmento)

Si bien es cierto que todos podemos escribir, decir, sentir y (peor aún) hacer cosas totalmente distintas a las que realmente desearíamos hacer (en mí caso, y muy a menudo, escribir); este fragmento, de un agradable cuento de Julio Cortazar, se lo quiero dedicar a alguien a quien nunca le dediqué algo de manera concreta por motivos, miedos y circunstancias que ya no tiene caso recordar, pero que definitivamente marcó un pedazo de mi vida de una manera extraordinaria y poco común (y que obviamente no espero ni creo que tenga idea de que lo ha hecho).





No es verdad que el nombre de Margrit o de Ana viniera después o que sea ahora una manera de diferenciarlas en la escritura, cosas así se daban decididas instantáneamente por el juego, quiero decir que de ninguna manera el reflejo en el vidrio de la ventanilla podía llamarse Ana, así como tampoco podía llamarse Margrit la muchacha sentada frente a mí sin mirarme, con los ojos perdidos en el hastío de ese interregno en el que todo el mundo parece consultar una zona de visión que no es la circundante, salvo los niños que miran fijo y de lleno en las cosas hasta el día en que les enseñan a situarse también en los intersticios, a mirar sin ver con esa ignorancia civil de toda apariencia vecina, de todo contacto sensible, cada uno instalado en su burbuja, alineado entre paréntesis, cuidando la vigencia del mínimo aire libre entre rodillas y codos ajenos, refugiándose en France-Soir o en libros de bolsillo aunque casi siempre como Ana, unos ojos situándose en el hueco entre lo verdaderamente mirable, en esa distancia neutra y estúpida que iba de mi cara a la del hombre concentrado en el Figaro.

Pero entonces Margrit, si algo podía yo prever era que en algún momento Ana se volvería distraída hacia la ventanilla y entonces Margrit vería mi reflejo, el cruce de miradas en las imágenes de ese vidrio donde la oscuridad del túnel pone su azogue atenuado, su felpa morada y moviente que da a las caras una vida en otros planos, les quita esa horrible máscara de tiza de las luces municipales del vagón y sobre todo, oh sí, no hubieras podido negarlo, Margrit, las hace mirar de verdad esa otra cara del cristal porque durante el tiempo instantáneo de la doble mirada no hay censura, mi reflejo en el vidrio no era el hombre sentado frente a Ana y que Ana no debía mirar de lleno en un vagón de metro, y además la que estaba mirando mi reflejo ya no era Ana sino Margrit en el momento en que Ana había desviado rápidamente los ojos del hombre sentado frente a ella porque no estaba bien que lo mirara, al volverse hacia el cristal de la ventanilla había visto mi reflejo que esperaba ese instante para levemente sonreír sin insolencia ni esperanza cuando la mirada de Margrit cayera como un pájaro en su mirada. Debió durar un segundo, acaso algo más porque sentí que Margrit había advertido esa sonrisa que Ana reprobaba aunque no fuera más que por el gesto de bajar la cara, de examinar vagamente el cierre de su bolso de cuero rojo; y era casi justo seguir sonriendo aunque ya Margrit no me mirara porque de alguna manera el gesto de Ana acusaba mi sonrisa, la seguía sabiendo y ya no era necesario que ella o Margrit me miraran, concentradas aplicadamente en la nimia tarea de comprobar el cierre del bolso rojo.




Para usted, no lo sabe, pero yo sí lo sé. Disculpará que hasta ahora, pero no es mi culpa que el corazón me duela tanto, que lo tenga tan rojo, que esta noche lo haya recordado, es simplemente que después de engañarse a uno mismo por mucho tiempo, viene la hora de aceptarlo todo, de dar la cara a lo que es obvio, pero si alguna vez dije lo contrario e incluso dí la vuelta, y de regreso a mi pasado, fue porque me había herido usted, mucho, demasiado.
Es hora de empezar un nuevo año. Tenía que terminar con todos para siempre.
Sin embargo esto va enteramente dedicado para usted, no me pregunte por qué, sé que no lo hará.
Buenas noches.

sábado, 15 de enero de 2011

Quería decirle.

Verlo llegar, como cualquier día, escuchar cuidadosamente el sonido de sus pasos, predecir sus movimientos, entonces volver la vista hacia él, descubrir sus ojos verdes puestos en los míos, era extraño, callado, también divertido.
A veces encontrármelo de frente, sin saberlo, sus pupilas negras en las mías, las mejillas encendidas. Diablos (lo ha notado, o no es por eso que sonrie?).
Ese día yo creía que era viernes.

Sorpresa, es sábado. Todo pasó tan rápido, él tomó mis manos, estábamos arriba, la hora de irnos, todo fue muy rápido, las luces estaban encendidas, de repente un apagón, sentir su abrazo, sus manos apretando mi cintura, el crujir de todos mis huesos, los labios húmedos, sentir su boca sobre mis párpados, pensé que estaba soñando, no sé cuánto tiempo pasó, no sé cómo terminaron mis labios en su cuello, no sé por qué escribo todo esto, he prometido no decir su nombre en este cuento. No sé cuánto tiempo estuvimos así, la oscuridad detuvo el tiempo, o fueron quizás sus labios, o mis párpados cerrados vacilando entre cada uno de sus innumerables besos. Yo quería hablarle, decirle que esperaba esto. Entonces sentí un golpe, la cabeza, algo extraño sucede. Descubrí mi cuerpo entre sábanas azules, tibio, una luz inexorable, golpearse en un mueble, ver el reloj, son las 7, siempre sí es viernes.
Entonces descubrir que no fue sábado. Era jueves.

lunes, 10 de enero de 2011

Todavía quedaba pintura azul en tu rostro.
Era otoño, otra noche para volver a inventarlo todo.
Dibujar tus labios, imaginar tus infinitos ojos.


Es posible, lo he entendido todo.