domingo, 27 de marzo de 2011

Un día descubrí el silencio más espantoso en lo ojos de un hombre.




Mira como se mueven los árboles, morados, las flores, el tiempo... Como el desarreglo, la frialdad, fingir indiferencia le van mal... A todo eso añadirle una falta de moral, insignificante.

Sus ojos pequeños hoy me parecen enormes, sus dedos fijos me recuerdan una tarde de verano inquieta, donde he llorado.

Necesito un suspiro para fingir indolencia, para fingir que no me quema, que no me duele su falta, su pasado, pero me duele. ¡Qué impaciencia!... no poder impedirme un acto de indiferencia ni tampoco de importancia sustancial...

Sus ojos livianos siguen humedecidos, empiezo a sentirme incómoda, algo va mal. Como un niño, él mira atónito el silencio, incapaz de decir algo más, me abraza, sus ojos reflejan el infinito, por eso le debe dar miedo el mar, por eso le debe dar miedo el cielo, la inmensidad.
Es la soledad, la necesidad de poseer algo más, mantener ese amargo, dulce, triste vicio.

Yo le miro, le sonrío, le beso... a veces fui un inconstante, creyéndome capaz de nada. Un hombre. Ahora lo veo, sus ojos arrepentidos, pidiendo una disculpa, no es necesaria. Qué podría disculparle si no le conocía antes, éramos incapaces de pensar en ese minuto algo, nada, podría escribir toda la noche lo que vi en su rostro, pero sé que probablemente no me alcanzarían todas las palabras.
No hay duda. Decir que ya no me acuerdo sería una mentira.

Después de todo te sigo sonriendo, te quiero, te miro, te doy un beso, vamos, todos los errores del mundo no los puedo perdonar yo...

yva

domingo, 13 de marzo de 2011

Espantapájaros 18

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del
llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta, inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...si es verdad que los cacuies y los cocodrilos nunca dejan de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría, llorar de fracaso, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Dicho por Oliverio Girondo

martes, 8 de marzo de 2011

DOMINGO EN EL ZOOLOGICO












-Un globo, un globo, quiero un globo - pidió un niño.
La madre le compro un globo. El niño soltó el globo y lo
vio volar.
-Un globo, un globo quiero un globo
-Volvió a pedir el niño.
El padre le compró un globo. El niño soltó el globo y lo
vio volar.
-Un globo, un globo, quiero un globo, quiero un globo
-Pidió otro niño la madre dijo:
-No
Y el niño voló
se fue de los brazos de la madre
de los brazos del padre
volando con los globos.

Esto pasó en el jardín de un Zoológico la tarde de un domingo;
Son testigos: Un elefante, dos leones, un águila y un vendedor de globos.





El gran paraguas, 1965
Javier Villafañe

sábado, 5 de marzo de 2011

Una historia de la vida.

No, yo no te esperaba Rafael. Ni a ti, ni a José, ni a Luis. No, no. A ninguno de los tres. Sin embargo, no los negaré. Por eso puedo decir que eran los tres... Era José a las 3 de la mañana pegándome un beso en la frente, despidiéndose silenciosamente. Era Luis guardándome entre sus brazos alguna madrugada de Agosto (lejos de tanta gente). } Era Rafael tomándome del brazo Un infinito viernes. Era José cantándome, conmoviéndome con un dulce "siempre"... Era Luis paseándose de un lado a otro (a mi lado), en medio de la lluvia, con un enorme paraguas inclemente... Era Rafael abrazado a mi cintura, suspirando colores, azules, verdes... No...Eran quizás los ojos de José, la piel de Rafael, los intensos besos de Luis. En realidad no lo sé. Era la luz de Rafael, los cabellos de José, la curiosidad de Luis. Era la persistencia de Rafael, la inestabilidad de José, la sonrisa de Luis... La forma de caminar de José, los hombros de Luis, la manera de hablar de Rafael. Sus nombres no se los diré, pero han sido ellos tres. A veces uno más que otro, y yo los vi pasar por mi vida, algunos más rápido que otros, diferentes cada uno, con algo que me fascinaba, estuve enamorada... Sin embargo por circunstancias o motivos desconocidos se han separado nuestros caminos, en realidad lo digo por dos de ellos... Entonces a veces, encontrarlos en la calle, en los parques, plazas, el metro (que he dibujado en las aceras de enrriquez y la zona universitaria) no es un fastidio, es algo triste... no poder saludarles, quisiera que volvieran a ser mis amigos... Parecen estar molestos u ofendidos, creo que no recuerdan porque se alejaron, porque eran ellos, y no son... Eran los recuerdos atormentando mi memoria, eran los días de salir a caminar, tomar sus manos, saber que los he querido, que me perdí entre sus ojos, que una tarde con cada uno de ellos terminé de la mano, que los tres han sido mágicos. No es cierto, ahora pienso que fue sólo uno. Qué Luis me fascinaba y no pude decírselo, que José no era mi amigo, que a veces no entiendo a Rafael, pero lo quise. Entonces no sé. 

¿Sabes qué?, podría ser sólo uno. 
Yo aún no lo sé, pero sucederá. 

 Los nombres han sido elegidos al azar.