Cúan individual puede llegar ha ser fumarse un cigarro, cuan individual mirar el oceano es.
Se enciende pasa por debajo del labio y ahí estamos, saliendonos de lo más profundo del mar, saliendonos de nosotros mismos empapados escurriendo de los dedos de las manos. La individualidad podría existir desde que nos viene la idea de compartir esos cuatro minutos con nosotros mismos, y ahi estamos.
En la azotea, en la orilla de un sillón bien forrado, en la fotografía infantil de aquella fiesta, acaso alguien podría contradecirme y decir que la individualidad está al comer una sopa caliente, que cruzar la calle tambien contiene algun tipo de individualidad.
Pero es que yo lo digo y lo vuelvo a repetir es la relación con el objeto, la suavidad del contacto con los dedos y la última blanda capa, es eso.
La sinceridad de ese momento, nada profundo, pero que en ese instante nos está ocurriendo, desafiando a la palabra misma, desafiando cualquier tipo de conversación, ahí estamos los dos, los tres con un suave cigarro, detenido por la parte más delicada de los labios, acto detalladamente encaminado a un mismo momento a una misma acción todos los sentidos en armonía con este encuentro, regresandonos a aquel momento , aquel momento en el que no contabamos con nada .
Y no estamos solos...
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