martes, 2 de agosto de 2011






Mi desorden alimenticio se torno real al finalizar nuestro encuentro, ¿A caso un fenomeno que proviene de la imaginación se me realiza después de dejarte? me pregunté un par de veces ya arriba del autobus. Tu olor se colaba por las luces rojas de los autos a los costados, abusabas de todos mis razonamientos. A estas horas por favor no menciones la palabra justicia. Una especie de rondalla acusa tus acciones y comienzan a cantar las gotas de lluvia que chocan contra el parabrisas. Aborrezco de sobremanera entorpecer a tu lado, agradezco no flotar.




Una especie de dolor ajeno me tiene toda la noche y al amanecer casi no reconozco esta habitación. No me digas justicia.
Se desgarran las palabras que vas diciendo en las paredes de la habitación, intentas conducir nuestro deseo pero tropezamos y te caes encima de mí, sonríen los que nos miran, avergonzamos las ganas, desordenamos lo que llamamos tiempo, no quedamos sin nada.




Las escaleras sólo caminan hacia arriba  esta noche se detienen en la azotea, escapamos de la habitación, no sabes de mí, el desorden alimenticio ya le pertenece al futuro, pero nosotros no nos conocemos nada. Al mismo tiempo miramos la justicia atravesar el cielo en forma de ave, un cable la hace tropezar, cae suavemente y nos rebasa, silencio.






























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