sábado, 10 de julio de 2010

Me gustaba creer que se podían colocar las estrellas en manos humanas, sobre todo ajenas, creí, en verdad... Pero ya me dijeron que no es posible traerlas entre los dedos todo el tiempo, hay que ponérselas, adherirlas al cuerpo, cuál segunda piel, demasiado ardorosa...

He sentido la necesidad de regalárselas a alguien, no sé a quién exactamente. Algún día, Dios quiera, podría entregarlas todas a un hombre, quizás, puede ser. He cargado con tantas desde hace varias semanas, se las he ido arrancando al universo; y viera usted cómo me cuesta robárselas sin que me vea!, mis manos ya están gastadas, pero brillan cuales luces plateadas, a veces rojas, siempre tan coloradas...

Ya quiero encontrar a alguien que sea capaz de ponérselas todas, porque se me han regado en el camino, tristemente más de un par se me ha caído, ¡oh Dios qué desperdicio!...

Pero sé que algún día, alguien ha de quererlas ...

No hay comentarios:

Publicar un comentario