Ojalá que ya nunca te aparezcas con las cejas arriba de los ojos
Y la sonrisita debajo de la nariz. Y que la banqueta siempre permanezca
Vacía y el lenguaje de aquella canción que nunca llegué a comprender bien
Y me ahuecaba el estomago, la intente comprender para no comprenderla.
Ojalá que dentro de dos meses y medio vuelva a mirar tus cejas que se
Siguen encontrando debajo de tus ojos y sean como las de todos, Aunque
La sonrisita siga en el plano de lo “mágico” de lo “imposible”, dijeran los
Hombres que en este momento se encuentran gritando detrás de mí.
Ojalá que ya terminemos con el poco hielo de allá arriba y comience a correr
Por las calles congelando los pies de la gente dejándolas enterradas en el mismo
Lugar, Ojalá que a mí no se me entierren los pies y sean mis manos las que congeladas
Ya no puedan escribir más. Ojalá que pueda correr mañana por los campos que no
Existen de la ciudad hasta revolver todos los sentimientos que traigo dentro, para
Vomitarlos por los ojos y me dejes vacía otra vez que me doy cuenta ahora que
El vacío es alivio y el sentimiento, más bien este sentimiento es pérdida, olvido, estupidez.
Ojalá que te encuentres en los ojos de aquella mujer que baila sobre el lago con la sonrisa
Reflejada a sus pies y las manos cubiertas de escarcha que no es dorada ni plateada ni de
Ningún color. Ojalá que el aliento de tu sonrisa me llegue como polvo a los ojos, y me deje
Ciega para que aunque te vuelvas aparecer con las cejas arriba de los ojos y la sonrisita debajo de la
Nariz, no pueda mirarte, no pueda saber de ti.
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