Cien veces traté de decir por qué encendías faroles y regabas caracolas en mi alma, cómo era posible que tiraras estrellas, sembraras lunas, estamparas flores, amarraras luces y sonaras aguas...
Traté de explicarme por qué al venir tu nombre, a mi mente, me invadían círculos interminables que giraban alrededor de tus ojos enormes, me preguntaba desde cuándo te amaba.
Mi boca gritaba en silencio tu nombre, tus labios me miraron terriblemente, y escuché tu voz cantando: "Tus ojos como el viento corren".
(Y descubrí que estaba perdida en tus horizontes, oh, tan enamorada...)
Cien veces grité a la aurora que te quise, y te quiero desde entonces.
Repitiéndome a mi misma, esta es la última vez que me mira y le sonrío...
Y fue entonces que empecé a preguntarme desde qué instante esa última vez se convirtió en un comienzo, en palabras predecibles, en una voz aproximada y hasta cierto punto poética y mal educada...
Cien veces miré océanos entre mis manos, llorando por mis dedos, mordiéndome los labios.
Pude contemplar tu boca triste, tu voz adolorida, tu pecho cansado, mi corazón loco, absurdo, enamorado. Cien veces...Quizás más.
Y más de cien veces pude sentir como te escurrías, como corrías entre mis veredas, salías, te ibas, volvías; y entre idas y venidas en ti mismo te perdías, tan arrepentido, confundido, te sentías solo, y yo más te quería (lo sabías?).
Cien veces traté de decirte por qué te quería... Por qué te quiero... Por qué razón me estrangularías, llorarías y me matarías, a tu lado, contigo, vida mía...
No hay comentarios:
Publicar un comentario