
Ayer fué sabado, trasnochada decidí encerrarme a leer hasta terminar con la guitarra en los dedos.
Yo tambien soñé, más bien sí soñe con varias manos en mi pecho, manos de hombres naturalmente, los hombres que hacían filas en el horizonte y que al final sólo se sonríen como cuando se cuenta un mal chiste y no falta el idiota que no para de repetirlo y vuelve a reir como idiota.
Decidí decirlo porque la gente a mi alrededor está cansada de escucharme y mejor acá sin compromisos , sin ninguna falsa intención.
Me enamoré de varios , aunque es la primera vez acepto que sí, me gusta encontrarles en la calle
sonreír y ponerme bien nerviosa.
Tuve miedo de decir cualquier estupidez , aunque la terminé diciendo, uno va creando sus maravillosas telarañas para despúes no poder pasar y terminar quejándose en un bar hablando de las diferencias entre el sexo , hacer el amor y de porque esa insistencia en seguir comiendo carne de res.
Y ¡zas! cuando menos lo esperas todos se conocen , creen que han pasado por ti , supongo que deben exagerar las situaciones , hablar mal del asunto al pensar que no fueron ellos lo que te tomaron del pelo. (mentira)
Ahora, lo cruel del asunto resulta cuando tu bien que querías, cuando les miras la sonrisita que se les dibuja en el rostro al decir "Adios", y esa mariposa ( casi estoy segura de color azul) te anda vuele y vuele en la panza.
Lo cruel viene un poquito despúes , cuando se te desbarranca todo ese jueguito que tu nisiquiera planeaste intencionalmente , que simplemente surgió cúal estupido beso mal dado.
Yo por eso hoy ya le paro , no pretendo nada más allá y que ni me avisen del pinche estado meteorológico en bonitas palabras , que ya no quiero pensarles más.
Todo por andar soñando con bonitas manos, manos de hombres en el pecho y esas miradas ocasionales de varias vidas,
qué estoy segura que fué por andar soñando
y cuando uno sueña las disculpas salen sobrando.
Yo extraño ese tipo de charlas en un bar.(!)
ResponderEliminarAhora mismo me veo, sentada en un banco, sonriendo. Compartimos una mesa de madera, redonda, con un diámetro -aproximado- de medio metro... Inevitablemente, bebiendo una cerveza, me trago, por un momento, tus ojos, tu cabello. Entonces te pintas los labios. Me miro al espejo, qué mala costumbre, pero lo hago de nuevo. Te compro un cigarro (en esa máquina anti-idiotas, dice el letrero en el lado derecho, la verdad no me acuerdo), vuelvo a nuestra mesa, la historia de la rata, cómo me acuerdo.
Oye, qué buenos recuerdos, haber cuándo te veo!