domingo, 12 de agosto de 2012

Regresé a casa y me enfermé , de qué aún no entiendo y no me importa. En cada lugar al que fuimos ayer escribimos una parte de nuestra amarga y blanca historia, nuestros remiendos de almas estuvieron libres ayer. Ya sabes , las palomas , la vista , el aire y oleadas de calor blanco , caliente y frió.
No puedo estar mas segura de que mi planeta nació en las manos de un hombre blanco  con cabello corto. Tiene tanto que no leo, tiene tanto que no escribo, así con las manos que me  encuentro extraña sobre eso de acomodar las palabras a la vida y las vida  alas palabras. Estuvimos cerca de llamarnos vida ayer , eramos olas, mar y locura entrelazada al viento, eramos más que cuerpos balanceándose sobre nuestro padre el mar. Me miraste y dijiste "nuestro padre es el mar , nuestra madre , la tierra"   y yo me sonreí tambaleándome sobre la arena con un litro de cerveza en la panza , y ahora en tierra firme comulgo con tus ideas y las repito como en una especie de oración. Esta vez fuimos lejos, tanto que  la vida no me puede engañar cuando yo le digo que no somos el uno  para el otro. No lo somos mi amor y ahora que también nos llamamos "vida" debemos ser mas verdaderos que la muerte, porque los maravilloso termina siempre en las novelas y en la vida , por aventarse al abismo de las horas y de la gravedad, la premoción de  los recuerdos se queda como una huella digital grabada en los objetos que tocamos y miramos , no podemos escapar  nuestro cruel destino, en el que tampoco creo , porque hoy mi vida soy presente.
Luego en tu libro de poesía buscaste alguno que tuviera al principio , en medio o al final la palabra  mar , como para hablarle cerca, como para que el mar no se olvidara de nosotros nunca, como para dejarle sobre la espuma de las olas restos de nuestro amor. Luego de meternos en la profundidad del mar con nuestras miradas te dije que debíamos comprar más cerveza que el segundo sol de las cinco anunciaba otra más. Anduvimos como huerfanos sobre la orilla y la profundidad , libres de adentro y con el cuello salado.
El regreso fué extraño y largo sobre el cristal el panorama se hacia verde y café, azul hacia arriba y rosa el de tu rostro lleno de el amor que te he puesto encima. No te despediste , y pensé que quizá tu despedida había sido aquel puño de arena sobre mi pecho, o el beso en la frente de la mañana. Y me di cuenta del sin sentido de las despedidas que suceden al final , el gesto es el mismo y el tiempo sigue transcurriendo así que nada termina, así que sobre vivimos amor, en las dimensiones del tiempo que se reconstruyen cada vez que ingerimos aire para respirar.

1 comentario:

  1. Te leo y pienso que no te veo desde hace demasiado, te mando un abrazo, te extraño y también te quiero. Escribes muy hermoso, y cada vez que te leo imagino a esa, tu silueta, delgada deambulando en un sitio distinto,siempre distinto.
    Te quiero.

    yami

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